Desde hace 6 años, esta hermosa ciudad se convirtió en mi opción para vivir. Confieso que cuando llegué, las posibilidades de que Colonia "me adoptara" no eran muchas, situación que cambió con el tiempo. Cada vez, su seducción fue más fuerte y yo no me resistí demasiado, es cierto.
Y si hoy le tuviera que contar mi experiencia en Colonia del Sacramento a algún turista que nos visita, comenzaría más o menos así: En mis primeros días aquí, recorrí centímetro a centímetro el Barrio Históric
o: sus pequeños museos, las calles empedradas, crucé turistas y lugareños, pero todo ese deambular no era otra cosa que un camino de viajero, con remotas posibilidades de residencia y nada más.
Así comprobé que en el Barrio Histórico se respira un agradable perfume colonial.
Pero, hasta hoy, cada vez que piso esos adoquines, me siento transportada a una época lejana en los siglos. Es como si aún ahí se mezclaran los españoles y los portugueses, entre los turistas curiosos que llegan ávidos por conocer esa porción de un pasado.
Quizás aún están por ahí y “habitan” en las casas con paredes de piedra, enganchados a los muros en formas de fantasmas imperceptibles para algunos, pero tan cotidianos para otros.
Vivir en el Barrio Histórico es considerado un privilegio. Allí las edificaciones conservan todas las marcas de antaño.
Las ventanas con rejas, bordadas como las más valiosas puntillas tejidas en hierro forjado, sostienen macetas de geranios y malvones colgantes, que dan el toque de color. Desde algunas medianeras cuelgan enredaderas Santa Ritas multicolores, entremezcladas con Madre Selvas, Dama de Noche y jazmines de todos los tipos, perfumes y tonalidades.
El misticismo generalizado está en el aire, que con sólo respirarlo nos transporta en un viaje subyugante.
El Río baña sus costas, justo en su parte más plomiza, por estar tan cerca del Río Uruguay y muy lejano del Océano Atlántico- Eso le da ese color siempre amarronado.
Sin embargo, aunque parezca extraño, su parda tonalidad tiene un atractivo especial.
Salvo durante las noches, aquí no se escucha el silencio. Contrario a lo que se puede pensar, Colonia del Sacramento es una ciudad visitada a diario y con ruidos propios.
Cuando despunta el día y la mañana aún está perezosa, ya comienzan a llegar los viajeros. Vienen del puerto, que queda a pocas cuadras del Barrio Histórico. Como las distancias son muy cortas, los turistas ganan en pocos pasos las escasas manzanas del Barrio Antiguo. En sus espaldas cargan mochilas y los disparadores de las máquinas fotográficas no paran ni un segundo. Todo lo quieren registrar.
Este movimiento se prolonga durante todo el día. Si en algún momento, por extraña razón se produce un silencio, el sonar de los cascos de un caballo interrumpe la calma. Ese coche, recorre esta extensión al mejor estilo de los que circularon durante el 1700 ó 1800. Su cochero ataviado de época, oficia de guía turístico orgulloso del suelo que pisa y así pueden oírse desde la vereda, las explicaciones que da a los visitantes.
Pero si hay un momento mágico en el día de Colonia del Sacramento, es la hora del crepúsculo. Acercarse a la orilla del Río de la Plata, con la ciudad histórica a las espaldas y observar el atardecer, es un instante imposible de describir con palabras.
He visto muchas puestas de sol, en distintas partes, pero lo que los sentidos experimentan aquí, nunca llegué a percibirlo en ningún otro
Una noche, me enamoré del silencio del patio de la casa en donde viví cuando llegué aquí. No se oía ni una voz, ningún auto pasaba, sólo se escuchaba algún grillo cantarín y nada más. De pronto me invadió otra música. Eran las olas mansas que llegaban a la orilla de la playa y con una cadencia de melodía, iban y venían, venían y luego se iban. En ese instante sentí que no había ningún otro lugar en el mundo en donde quisiera estar.
Sin embargo, mis días de coqueteo con épocas de antaño, llegaron a su fin y ese entorno se convertía, a pasos agigantados, en el hábitat que me recibiría o mejor dicho, que yo había elegido como mi lugar en el mundo.
Colonia del Sacramento me había adoptado. Siempre la visité como turista y con fuertes lazos que me unían a ella, por mis raíces familiares en la ciudad de Carmelo.
Será por eso que al día de hoy, cuando camino por sus callejas históricas, todavía puedo apreciar y disfrutar de la Historia que ella nos cuenta. Espero que nunca me deje de invadir este sentimiento de estar de paso a pesar de vivir aquí, porque no querría Colonia, dejar de valorar todo lo que podés llegar a enseñar a quien te visita.
Aquí encontré muchas cosas que quizás buscaba, sin saberlo, desde tiempo atrás. Por eso es que hoy te saludo, en el marco de tu 330º aniversario de fundación y venero toda la Historia que nos das, día a día, a manos llenas.
A Colonia del Sacramento, salud!!!! Y que cada día crezca más y más en todo su desarrollo Turístico-Cultural. Realmente lo vale.
Hasta nuestro próximo encuentro.