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15/04/2008 | Noticia
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Memoria azul en la Zitarrosa - Presentación de Yábor - Nuevo Disco –Todo X Amor
 
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La memoria tiene los colores de quien la invoque. La colectiva es una gama inacabada, que sigue sumando a su paleta los tonos de todas las generaciones que se le incorporan para hacerla posible.

La individual también es un refugio y un rescate de emociones, sentimientos, vivencias, que necesitan revivirse para seguir, y así continuar sumando a esa paleta colectiva, pero siempre restaurándonos desde otros tiempos en que seguramente fuimos, o creímos ser, menos vulnerables, más posibles y universales desde nuestra aldea pintada por otras memorias heredadas.

La del 6 de abril en la Sala Zitarrosa de Montevideo volvió a ser memoria azul por un par de horas, tornasolada en sepia por el paso de los años y por todo lo perdido en esta ciudad-aldea que ya dejó de ser capital continental de la cultura. Yábor pertenece a esa generación que parió de colores otro Montevideo.

Viene de atrás su vida artística, perdura y vuelve a llamar, golpea a la puerta de una ciudad paquidermo dormido, al decir de Leo Antúnez, y propone despertarlo con nuevos aires, guitarras enchufadas y parches de nylon. Así corre la vida ahora, y Yábor vuelve a pedir permiso para seguir habitándola, porque lamentablemente nuestros artistas jamás terminan de pagar su derecho de piso, salvoconducto o pasaporte que debe ser renovado periódicamente según las exigencias de una memoria popular herida y frágil. La Nueva Banda es su ironía y su coartada para todo aquel que pensaba encontrar al mismo músico exportado en los setenta.

El desembarco coloniense de los nuevos músicos sin amateurismo provinciano es su mojada de oreja al viejo público conservador. Cuánto más fácil y convocante le habría resultado su reconquista montevideana si sólo hubiese apelado a su agenda telefónica. Qué parodia emocional y lucrativa habría representado convocar a Urbano, a Chichito y a cuantos más que todavía siguen por aquí, para apuntalar su regreso con gloria, su hito, su vuelta atrás, su página primera, su nostalgia.

No lo pensó, no pudo o no quiso, pero esa no especulación regresiva a la memoria azul desesperadamente viva en el público que asistió a la Zitarrosa bien vale el reconocimiento que la “prensa especializada” seguramente no habrá de otorgar, porque esa nueva legión de críticos que opinan de espectáculos está viciada de aspectos técnicos y muy pragmáticamente alejada de hechos emotivos, como el que se vivió el pasado 6 de abril con el regreso de Yábor a la sala emblema del canto popular uruguayo, con la excusa de presentar en sociedad su nuevo disco “Todo x amor”. En diecisiete canciones, de ayer y de hoy, el embajador coloniense por opción de vida demostró que se puede el retorno sin concesiones nostálgicas.

No habló de sus tertulias con Mateo, a quien hoy parece conocer muchísima más gente de la que el propio Mateo conoció; no apeló a su contemporaneidad con El Kinto o todo lo que vino poco después; no discurseó sobre cómo se logra incorporar el candombe a una ciudad de fuerte potencia cultural propia como Buenos Aires; no monopolizó el aire con sobredosis quizá esperada de viejos éxitos; y no recurrió a ningún otro golpe de efecto, de esos que suelen estar tan a mano para despertar aquella memoria azul que fue sepia. Y el resultado fue un buen espectáculo de este tiempo. Sus seguidores, que fueron a escuchar al viejo Yábor, lograron descubrir al nuevo artista en plena acción creativa, paladearon el gusto por la nueva propuesta, y nadie se fue insatisfecho.

Técnicamente, se destacó una muy ajustada base percusiva (con dos notables revelaciones en este rubro: Cesar y Lucía), un experimentado bajista que no descuidó en ningún momento las permanentes variables rítmicas del cantor, todo ello complementado por la labor desarrollada por el tecladista y el guitarrista, y sobre la mitad del espectáculo la aparición de la cuerda de tambores La Fuerza Candombera.

En definitiva, el desembarco geográfico-artístico existió, dejó huella, sentó un precedente, generó en todos nosotros una expectativa no esperada, y no se quemaron las naves, que sin duda aguardan en el relegado puerto de la creación hasta ese nuevo regreso que nos convoque de nuevo y despierte también el interés de todos los que esta vez faltaron a la cita.

Ficha técnica:
Yábor: guitarra electroacústica y voz.
Mauricio “Mako” Bassahún: teclados.
Fernando “Goto” Gómez: bajo.
Cesar “Banana” Durañona: batería.
Lucía Moscóni Fonseca: percusión.
German Durañona: percusión.
Mucio Fleurentdidier: guitarra eléctrica.
La Fuerza Candombera: cuerda de tambores.

 
Fuente: Fredy González  
     
 
 
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Memoria azul en la Zitarrosa Presentación de Yábor Nuevo Disco –Todo X Amor: La memoria tiene los colores de quien la invoque. La colectiva es una gama inacabada, que sigue sumando a su paleta los tonos de todas las generaciones que se le incorporan para hacerla posible.:

La individual también es un refugio y un rescate de emociones, sentimientos, vivencias, que necesitan revivirse para seguir, y así continuar sumando a esa paleta colectiva, pero siempre restaurándonos desde otros tiempos en que seguramente fuimos, o creímos ser, menos vulnerables, más posibles y universales desde nuestra aldea pintada por otras memorias heredadas.:

La del 6 de abril en la Sala Zitarrosa de Montevideo volvió a ser memoria azul por un par de horas, tornasolada en sepia por el paso de los años y por todo lo perdido en esta ciudad aldea que ya dejó de ser capital continental de la cultura. Yábor pertenece a esa generación que parió de colores otro Montevideo.:

Viene de atrás su vida artística, perdura y vuelve a llamar, golpea a la puerta de una ciudad paquidermo dormido, al decir de Leo Antúnez, y propone despertarlo con nuevos aires, guitarras enchufadas y parches de nylon. Así corre la vida ahora, y Yábor vuelve a pedir permiso para seguir habitándola, porque lamentablemente nuestros artistas jamás terminan de pagar su derecho de piso, salvoconducto o pasaporte que debe ser renovado periódicamente según las exigencias de una memoria popular herida y frágil. La Nueva Banda es su ironía y su coartada para todo aquel que pensaba encontrar al mismo músico exportado en los setenta.:

El desembarco coloniense de los nuevos músicos sin amateurismo provinciano es su mojada de oreja al viejo público conservador. Cuánto más fácil y convocante le habría resultado su reconquista montevideana si sólo hubiese apelado a su agenda telefónica. Qué parodia emocional y lucrativa habría representado convocar a Urbano, a Chichito y a cuantos más que todavía siguen por aquí, para apuntalar su regreso con gloria, su hito, su vuelta atrás, su página primera, su nostalgia.:

No lo pensó, no pudo o no quiso, pero esa no especulación regresiva a la memoria azul desesperadamente viva en el público que asistió a la Zitarrosa bien vale el reconocimiento que la prensa especializada seguramente no habrá de otorgar, porque esa nueva legión de críticos que opinan de espectáculos está viciada de aspectos técnicos y muy pragmáticamente alejada de hechos emotivos, como el que se vivió el pasado 6 de abril con el regreso de Yábor a la sala emblema del canto popular uruguayo, con la excusa de presentar en sociedad su nuevo disco Todo x amor . En diecisiete canciones, de ayer y de hoy, el embajador coloniense por opción de vida demostró que se puede el retorno sin concesiones nostálgicas.:

No habló de sus tertulias con Mateo, a quien hoy parece conocer muchísima más gente de la que el propio Mateo conoció; no apeló a su contemporaneidad con El Kinto o todo lo que vino poco después; no discurseó sobre cómo se logra incorporar el candombe a una ciudad de fuerte potencia cultural propia como Buenos Aires; no monopolizó el aire con sobredosis quizá esperada de viejos éxitos; y no recurrió a ningún otro golpe de efecto, de esos que suelen estar tan a mano para despertar aquella memoria azul que fue sepia. Y el resultado fue un buen espectáculo de este tiempo. Sus seguidores, que fueron a escuchar al viejo Yábor, lograron descubrir al nuevo artista en plena acción creativa, paladearon el gusto por la nueva propuesta, y nadie se fue insatisfecho.:

Técnicamente, se destacó una muy ajustada base percusiva (con dos notables revelaciones en este rubro: Cesar y Lucía), un experimentado bajista que no descuidó en ningún momento las permanentes variables rítmicas del cantor, todo ello complementado por la labor desarrollada por el tecladista y el guitarrista, y sobre la mitad del espectáculo la aparición de la cuerda de tambores La Fuerza Candombera.:

En definitiva, el desembarco geográfico artístico existió, dejó huella, sentó un precedente, generó en todos nosotros una expectativa no esperada, y no se quemaron las naves, que sin duda aguardan en el relegado puerto de la creación hasta ese nuevo regreso que nos convoque de nuevo y despierte también el interés de todos los que esta vez faltaron a la cita.:

Ficha técnica:
Yábor: guitarra electroacústica y voz.
Mauricio Mako Bassahún: teclados.
Fernando Goto Gómez: bajo.
Cesar Banana Durañona: batería.
Lucía Moscóni Fonseca: percusión.
German Durañona: percusión.
Mucio Fleurentdidier: guitarra eléctrica.
La Fuerza Candombera: cuerda de tambores.: Fuente: Fredy González