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| 01/07/2008 |
Columnista |
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Nos va La Vida
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Reiteradamente hemos manifestado nuestra preocupación por un tema central, en el que sin duda nos va la vida como sociedad en un mediano y largo plazo que ya empezó a correr. Se trata de la educación.
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Apreciamos una caída en el nivel educativo de grandes contingentes de estudiantes, en particular los del sistema educativo estatal, lo que compromete su futura inserción laboral y por ende sus expectativas de progreso económico y social. Como contrapartida, la sociedad en su conjunto se ve degradada tanto en lo económico, porque la competitividad internacional exige cada vez más tener una fuerza de trabajo preparada, como en lo cultural. La educación estatal, partidizada e ideologizada, alejada de las exigencias de la modernidad, no está enseñando ni los contenidos ni los valores en los que debemos afianzarnos para el desarrollo.
El panorama muestra que ante la demanda de personal calificado por parte de empresas internacionales que han elegido desarrollar actividades en Uruguay, la respuesta ha sido insuficiente. Ante llamados de Intendencias o empresas públicas para trabajos de baja calificación, las aglomeraciones han sido impactantes. Entretanto, la emigración continúa, a un ritmo tal que prácticamente absorbe el crecimiento vegetativo del país.
Frente a esta situación, hemos manejado ciertas ideas que pudieran orientar algunas transformaciones positivas.
La primera, es no confundir la educación “pública” con la “estatal”. Pública es toda, más allá de que muchas instituciones sean privadas. La enseñanza no es gratuita para la sociedad aunque lo sea para quien no paga directamente una matrícula en el sistema estatal. Todos pagamos impuestos y de allí salen los recursos para pagar los costos. Creemos que debe abrirse el concepto y el sistema, siempre con el Norte de equiparar, si no igualar, oportunidades: estimular el crecimiento de una vasta red de instituciones de distintas características, entre las cuales los padres puedan elegir enviar a sus hijos, recibiendo becas y subsidios si fuera el caso, para pagar las matrículas correspondientes. La educación estatal debería ir concentrándose y focalizándose en aquellas zonas y poblaciones donde no fuera posible el funcionamiento normal de las mencionadas instituciones, con el máximo de contención social, cuidando que los niveles de enseñanza que imparte sean iguales o superiores al promedio del sistema. Todo esto estaría regido por una conducción especializada en supervisión, regulación y, parcialmente, en formación docente, que enfatizaría en los contenidos, calidad y evaluación de los resultados de la educación, además de administrar los institutos de enseñanza estatal.
Como complemento de esta idea troncal, imaginamos un Instituto para la Excelencia Educativa, vinculado con el sistema pero actuando fuera de él, quizá a la manera de una Fundación, que pueda recibir, además de la participación del Estado, aportes de empresas e instituciones, con beneficios impositivos. El objetivo de este Instituto sería el de potenciar la excelencia de educadores y alumnos, ya no masiva y globalmente, sino de manera individual, en función de sus capacidades y desempeños, mediante cursos, becas, intercambios, subsidios y todos los medios que contribuyan al pleno desarrollo de quienes evidencien condiciones superiores y voluntad de expandirlas. Esto sería un gran aliciente para eludir la trampa de la “igualación hacia abajo”, que en aras de una falsa solidaridad es la tónica actualmente predominante en la enseñanza estatal.
Claramente, estas ideas no van en la línea del proyecto de Ley de Educación recientemente presentado, que no se preocupa de otra cosa que de repartir cuotas de poder y procurar perpetuar influencias políticas. Tampoco parecerían ser las que los ultrapolitizados gremios de la enseñanza propugnarían, fundamentalmente por el temor atávico de no perder incidencia. Tampoco se las va a encontrar en una Rendición de Cuentas como la que se viene, donde los “recursos para la educación” siguen apareciendo, en el marco del carnaval electoral habilitado por el imprudente manejo de la más importante prosperidad enviada desde el exterior que en muchas décadas ha gozado el país, pero que no son otra cosa que beneficios salariales. Ojo, nos parece muy bien que se retribuya adecuadamente a los docentes del sistema estatal, pero entonces dejemos los eufemismos. Digamos solamente: subimos los sueldos, sin tapujos y sin vergüenzas. Pero también digamos que los programas siguen siendo los mismos y que los docentes que estarán mejor retribuidos van a continuar brindando el mismo nivel de enseñanza. |
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| Fuente: Dr. Francisco Gallinal |
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| Comentarios de la Noticia: | Aun no hay comentarios para el Deporte Nro. 0. ¡Anímate y sé quien inicie el hilo! |
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Nos va La Vida: Reiteradamente hemos manifestado nuestra preocupación por un tema central, en el que sin duda nos va la vida como sociedad en un mediano y largo plazo que ya empezó a correr. Se trata de la educación.:
Apreciamos una caída en el nivel educativo de grandes contingentes de estudiantes, en particular los del sistema educativo estatal, lo que compromete su futura inserción laboral y por ende sus expectativas de progreso económico y social. Como contrapartida, la sociedad en su conjunto se ve degradada tanto en lo económico, porque la competitividad internacional exige cada vez más tener una fuerza de trabajo preparada, como en lo cultural. La educación estatal, partidizada e ideologizada, alejada de las exigencias de la modernidad, no está enseñando ni los contenidos ni los valores en los que debemos afianzarnos para el desarrollo.:
El panorama muestra que ante la demanda de personal calificado por parte de empresas internacionales que han elegido desarrollar actividades en Uruguay, la respuesta ha sido insuficiente. Ante llamados de Intendencias o empresas públicas para trabajos de baja calificación, las aglomeraciones han sido impactantes. Entretanto, la emigración continúa, a un ritmo tal que prácticamente absorbe el crecimiento vegetativo del país.:
Frente a esta situación, hemos manejado ciertas ideas que pudieran orientar algunas transformaciones positivas.:
La primera, es no confundir la educación pública con la estatal . Pública es toda, más allá de que muchas instituciones sean privadas. La enseñanza no es gratuita para la sociedad aunque lo sea para quien no paga directamente una matrícula en el sistema estatal. Todos pagamos impuestos y de allí salen los recursos para pagar los costos. Creemos que debe abrirse el concepto y el sistema, siempre con el Norte de equiparar, si no igualar, oportunidades: estimular el crecimiento de una vasta red de instituciones de distintas características, entre las cuales los padres puedan elegir enviar a sus hijos, recibiendo becas y subsidios si fuera el caso, para pagar las matrículas correspondientes. La educación estatal debería ir concentrándose y focalizándose en aquellas zonas y poblaciones donde no fuera posible el funcionamiento normal de las mencionadas instituciones, con el máximo de contención social, cuidando que los niveles de enseñanza que imparte sean iguales o superiores al promedio del sistema. Todo esto estaría regido por una conducción especializada en supervisión, regulación y, parcialmente, en formación docente, que enfatizaría en los contenidos, calidad y evaluación de los resultados de la educación, además de administrar los institutos de enseñanza estatal.:
Como complemento de esta idea troncal, imaginamos un Instituto para la Excelencia Educativa, vinculado con el sistema pero actuando fuera de él, quizá a la manera de una Fundación, que pueda recibir, además de la participación del Estado, aportes de empresas e instituciones, con beneficios impositivos. El objetivo de este Instituto sería el de potenciar la excelencia de educadores y alumnos, ya no masiva y globalmente, sino de manera individual, en función de sus capacidades y desempeños, mediante cursos, becas, intercambios, subsidios y todos los medios que contribuyan al pleno desarrollo de quienes evidencien condiciones superiores y voluntad de expandirlas. Esto sería un gran aliciente para eludir la trampa de la igualación hacia abajo , que en aras de una falsa solidaridad es la tónica actualmente predominante en la enseñanza estatal.:
Claramente, estas ideas no van en la línea del proyecto de Ley de Educación recientemente presentado, que no se preocupa de otra cosa que de repartir cuotas de poder y procurar perpetuar influencias políticas. Tampoco parecerían ser las que los ultrapolitizados gremios de la enseñanza propugnarían, fundamentalmente por el temor atávico de no perder incidencia. Tampoco se las va a encontrar en una Rendición de Cuentas como la que se viene, donde los recursos para la educación siguen apareciendo, en el marco del carnaval electoral habilitado por el imprudente manejo de la más importante prosperidad enviada desde el exterior que en muchas décadas ha gozado el país, pero que no son otra cosa que beneficios salariales. Ojo, nos parece muy bien que se retribuya adecuadamente a los docentes del sistema estatal, pero entonces dejemos los eufemismos. Digamos solamente: subimos los sueldos, sin tapujos y sin vergüenzas. Pero también digamos que los programas siguen siendo los mismos y que los docentes que estarán mejor retribuidos van a continuar brindando el mismo nivel de enseñanza.: Fuente: Dr. Francisco Gallinal